¡Qué raro y exótico resulta eso de ir a un concierto de gira internacional el día 2 de enero! Inconcebible para aquellos que solemos ir de conciertos habitualmente y que vemos los principios de enero como una época de reclusión e inactividad. Pero es que los The Real McKenzies empezaban gira europea justo ese día y por el sold out conseguido en La Deskomunal parece obvio que en fechas navideñas hay ganas de conciertos.
Había gente fuera pidiendo entradas y muchos de mis amigos se quedaron con las ganas por no haber comprado la entrada con anticipación. Era mi primera vez en La Deskomunal y la experiencia fue más que satisfactoria pues Barcelona necesita este formato de salas de reducida capacidad ahora que ya no tenemos el Rocksound. Sants no es el barrio que más rockea de la ciudad, y aparcar es imposible, pero me pareció un emplazamiento ideal.

Drunken Fighters luchan contra el sonido
Antes de que descargaran los canadienses estuvieron como teloneros los barceloneses Drunken Fighters que demostraron muy buenas maneras siendo un sexteto paritario que cuenta con un muy buen bajista vistiendo kilt y una multi-instrumentista que pasaba de la mandolina a la flauta travesera y al whistle. Las ganas y la entrega quedaron bastante empañadas por un sonido muy poco definido, especialmente por la carencia de voces y guitarra.
Empezaron bien con un medley instrumental de canciones irlandesas que dio paso a "Fight" y "Germs", algunos de sus mejores temas que demostraron que la voz de su vocalista suena mejor en disco que en directo... y que los coros eran inaudibles. "Requiem" hablaba de las injusticias mundiales mientras a nivel instrumental el grupo demostraba muy buenos momentos, pues el sonido premiaba especialmente violín, flautas y bajo.

Poseen buenas canciones y contagiaron el buen rollo y el punk festivo a la vez que se lucieron en "Friends", dedicada a los amigos que les siguen concierto a concierto, mientras que en "Like Today" añadieron a su propuesta aires arabescos. "Voice of the Sea" fue su composición más céltica y luego hubo otro popurrí de canciones celtas instrumental que les quedó especialmente lucido.
La voz de la vocalista empezó a estar donde debía en un final que fue de lo mejor de la velada con "Drinking Son" y "Jesus", logrando un pogo generalizado. No fue su mejor noche, pero Drunken Fighters dieron buenas muestras de que poseen tablas, muy buenas canciones y que no les queda grande lo de tocar con leyendas.

The Real McKenzies nos alegran las Navidades con su punk celta
Concierto que fue de menos a más, largo y generoso en cuanto a canciones y que llegó a la hora y 45 minutos, con sorpresas y buen sonido, pero con un Paul McKenzie que al empezar el concierto parecía que no estaba en condiciones ni de cantar ni de aguantar todo el evento. Tos y escupitajos por parte de su líder deslucieron un poco un inicio que había empezado de lo más festivo con un "Scotland the Brave" en el que destacó el gigantón gallego Aspy Luison y su gaita. "Pour Decisions" y "Heather Bells" sonaban perfectamente bien con un Paul haciendo coreografías con los brazos y con Jono y Dan demostrando precisión en sus guitarras.
El grupo va muy rodado y todos visten el kilt escocés, siendo el gaitero gallego quien da más color y en su atuendo hay todo de referencias a su tierra, desde la piel de vaca de la gaita al parche de Estrella de Galicia. Presentó un temboloroso McKenzie el "Ballad of Greyfriars Bobby" como la historia real de un perro y la sala lo disfrutó en grande. "The Night the Lights Went Out in Scotland" quedó algo deslucida por el estado perjudicado de su líder, pero reivindicó luego el uso de las faldas escocesas y nos dijo que los McKenzies habían sido pioneros en ello.

"Due West" ya puso al grupo en primera línea para hacer su primera demostración de canto a capela, con ese homenaje a los amigos caídos. Ritmo trepidante de Dan Stenning a la batería y un inmenso Aspy a la gaita. El vocalista nos contó que en "Ye Banks and Braes" se habla de la peor forma de amor posible, y con un pogo generalizado, en la pista llegó a su pico de pasarlo mal sobre el escenario. A partir de entonces la cosa fue de subida para él con la rapidísima y divertida "The Skeleton and the Tailor" y con un gran solo de guitarra.
Para "Culling the Herd" nos contó que se intenta matar y controlar la juventud. Estuvieron solemnes en uno de sus temas más contestatarios y comprometidos en los que nos hablaban de lo sucedido en Afganistán y del enorme número de víctimas civiles. En esos momentos de implicación habló de Hemingway, de Franco y de las brigadas internacionales que vinieron desde Canadá para luchar contra el fascismo.

Tras "Anyone Else" la emprendió con Eric Clapton y empezó con chistes sobre su hijo Connor, fallecido al caer desde un rascacielos, un humor negro elevado a la máxima potencia para luego atacar "The Lads Who Fought and Won" y reivindicó su procedencia de Inverness en Escocia. Tiempo para el punk rock festivo de "King of Fife" para luego lanzar otra perorata sobre la fallecida reina de Inglaterra que aparece en los billetes. McKenzie le pidió asertivamente que dejara de aparecer su careto en las monedas y sellos.
La adrenalínica "Get Lost" dio paso a "Mainland" y luego a la hímnica "Scots Wha' Ha'e" con coros de guerrilla. El buen rollo se había adueñado del lugar y Paul parecía recuperado, momento en el que el gallego gaitero pidió un circle pit de sólo chicas y un par de ellas terminaron tocando la guitarra con el grupo. Esos detalles les hacen muy grandes y no son para nada pesados ni destinados a ganar tiempo. Son auténticos…

En el tramo final hubo tiempo para que asomara el cuello "Nessie", uno de los símbolos de Escocia y la rabiosa "Bitch Off the Money" en la que pudimos apreciar la clase del engalanado bajista Troy Zak que vestía corbata y kilt. Luego dieron paso a las etílicas "Best Day until Tomorrow" y "Thistle Boy" para después confesarnos su líder que "bebo, sobrevivo, pero… me queda la resaca". Quedaban los grandes clásicos y la primera en caer fue "Drink some More", recibida como merecía y cantada a pleno pulmón por una sala desatada.
Sería al sonar "Chip" cuando el pogo generalizado y el stage diving se hicieron cuerpo a la vez que las cervezas se derramaban por la alegría. Servidor terminó empapado. ¡Menudo himno! Hubo una pausa y luego cayeron tres temas a modo de bis, siendo dos de ellas versiones como la preciosa "Wild Mountaun Thym" cantada por todo el grupo formando en línea. Al igual que "McPherson's Rant". Presentaron el grupo y al batería lo presentaron como "Paco" para alegría del respetable. Terminarían con "Barrett's Privateer's", y a pesar de que los coros no funcionaron como debían, cumplieron con un bello fin de fiesta.

24 canciones en hora y 45 minutos es algo que no está al alcance de muchas bandas de punk celta y eso les hace artesanos del estilo. Paul McKenzie es un auténtico superviviente y se le nota la edad, pero es auténtico como pocos. El concierto fue una forma excepcional de empezar el año en esas fechas tontas sin giras internacionales. Eso sí, fue raro que presentaran un disco del que no tocaron ni una canción (solo la intro).

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