mi vida ha sido prepararme para ese momento
en que todo se detuviese. años después, quieto
desde hace no sé cuánto en un camino aleatorio
a la espera de estar preparado, empiezo a creer
que lo mejor ya pasó, que me pilló desprevenido
el acelerón de mi cuerpo pero no el de mi mente
y que el motivo era la espera y no el castigo, no:
mi castigo es llegar, tenerlo claro desde el inicio,
aceptar el compromiso de la certidumbre. aunque
el último cambio de rumbo llegue demasiado tarde.


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